Coruña vista aerea

20 dic. 2009

Sin título

Aun me queda la miel de tus ojos
pegada a mi frente con clavos de oro
aun guarda mi pecho el tesoro
que dejó tu lengua venida de lejos.

Aún saboreo la singular frescura
de tu vientre sensual en movimiento,
fue la dulce quietud de tu figura,
la que hizo eterno aquel momento.

Y llegué a tus versos como nunca
buscando en sus rimas tus afectos
aquella poesía que quedó trunca
hoy ya dejó de ser sólo un proyecto.

Porque se juntaron carne y verso
para hacer placentero nuestro nido,
mis dedos jugando entre tu pelo terso,
tus senos recitando el poema prohibido.

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Creado por Joan Castillo, compañero de letras en G.B.

La ducha



Nos gusta ducharnos después
(a mí me gusta el agua más caliente que a ella)
y su rostro siempre es suave y tranquilo
y ella me lava primero
me extiende el jabón por los huevos
los levanta
los aprieta,
luego me lava la polla:
“¡oye, esto sigue duro!”
luego me lava el vello de ahí abajo,
la tripa, la espalda, el cuello, las piernas,
yo sonrío, sonrío, sonrío,
y después la lavo yo a ella…
primero el coño,
me pongo detrás, mi polla en sus nalgas
suavemente enjabono los pelos del coño,
lavo ahí con un movimiento suave
tal vez me detenga más de lo necesario,
luego las piernas por detrás, el culo,
la espalda, el cuello, la hago girar, la beso,
enjabono los pechos, luego la tripa, el cuello,
las piernas por delante, los tobillos, los pies,
y luego el coño, una vez más, para que me dé suerte…
otro beso, y ella sale primero,
se seca, a veces canta mientras yo sigo allí
pongo el agua más caliente
disfrutando los buenos momentos del milagro amoroso
luego salgo…
normalmente es por la tarde y todo está tranquilo
ý mientras nos vestimos hablamos sobre qué otra cosa
podríamos hacer,
pero el estar juntos lo resuelve casi todo,
en realidad, lo resuelve todo
porque mientras esas cosas están resueltas
en la historia de un hombre y
una mujer, es diferente para cada uno
mejor y peor para cada uno…
para mí, es tan espléndido como para recordarlo
después de la marcha de los ejércitos
y de los caballos que pasan por las calles fuera
después de los recuerdos del dolor y el fracaso
y la desdicha:
Linda, tú me has traído esto
cuando te lo lleves
hazlo lenta y suavemente
hazlo como si estuviera muriéndome en sueños
en lugar de en vida,
amén."

Charles Bukowski, en Peleando a la contra